Tres grandes noticias sobre la espiritualidad (3)

“La Vida se abre camino”, fotografía de Delia Panpahoy, 2013




La espiritualidad es libre y accesible (y además es gratis). 

La experiencia del Ser espiritual es única en cada uno de nosotros, porque sólo nosotros somos los que tenemos la llave para a
cceder a ella. Podemos leer libros, hacer cursos, seguir a determinados maestros o gurús, doctrinas, normas, escuelas, religiones, pero ninguno de ellos tiene la clave. Podrán darnos ideas a poner en práctica, actitudes, visiones, impulsos. Pero ninguno de ellos será suficiente si no hacemos el trabajo sobre nosotros mismos, si nos limitamos solo a escuchar, leer o esforzarnos con determinadas prácticas.

A la experiencia espiritual se llega desde el trabajo de observación de uno mismo, desde la desidentificación del ego. Se pueden comprar técnicas, pagar a maestros o buscar la compañía de ilustrados en la materia, pero la experiencia sólo surgirá de la voluntad que pongamos en liberarnos de las ataduras a una visión chata del mundo.

Esa voluntad es solo nuestra, no nos la otorga una enseñanza ni un maestro, no nace del esfuerzo sino del corazón,
Se pueden buscar y experimentar técnicas, visiones diferentes, explicaciones que nos convenzan. Teorías y maneras de llevarlas a la práctica. Es lícito comprarlas y pagar por ellas, claro que si. El que proporciona bienes a otros pone el precio que le parece justo, es el acuerdo al que hemos llegado para que funcione la sociedad y no hay nada que reprocharl, aunque los bienes sean intangibles y los logros espirituales.

A algunos el poco o mucho precio les parece despreciable y les gusta, además, pagar un sobreprecio en disciplina y sacrificio. Tampoco está mal, la disciplina y la constancia siempre mejoran nuestra visión, incluso si lo hacemos por haber heredado una creencia masoquista sobre la vida. Hay muchos caminos y todos hablan para quienes los eligen.

Pero lo que es completamente errado es pensar que ese precio que se paga, ya sea en dinero, en tiempo, en constancia, disciplina, esfuerzo o sacrificio, es la garantía del acceso a la experiencia del Ser.

Podemos hacer miles de cursos de todo tipo, leernos la biblioteca de Alejandría de la A ala Z, viajar incesantemente buscando todas las culturas y todos los maestros posibles,retorcer nuestro cuerpo hasta el limite del yoga perfecto, sentarnos a meditar delante de una pared día si y día también comiendo poco y durmiendo menos… Podemos perseverar en la impotencia. La cantidad de cosas externas que podemos hacer no sirven de nada si no aceptamos el compromiso, somos valientes y claros y nos adentramos en la profundidad de nuestro interior.

La experiencia del Ser es sencillamente accesible desde el compromiso, desde la valentía, desde la claridad. Algo que nadie ni nada nos lo va a dar, ni pagando todo el oro del mundo.

Compromiso con nuestro Corazón, con aquello que nos impulsa desde lo profundo a relacionarnos con el mundo y con la vida desde la Unidad y la Coherencia.

Valentía para saber que hay que dejar atrás toda esa manera de vivir atrapada en los miedos y la insatisfacción. Para dar un paso adelante hacia un mundo desconocido donde intuimos que todo es diferente y nos cuesta concebir.

Claridad para hacer que las viejas creencias, discursos y patrones mentales aprendidos se diluyan y permitan que aflore nuestra Esencia. Convencimiento para decir “esto ya no lo quiero”. Para que nuestras intenciones provoquen el despertar de lo creativo, provoquen la magia.

Tu compromiso, tu valentía y tu claridad, aunque no lo creas, están siempre ahí.

Tu compromiso, tu valentía y tu voluntad pertenecen al Ser igual que la vida que se abre paso por cualquier rincón ante nuestros ojos está llena, en cada latido, de compromiso, libertad y claridad . Ese poder está ahí siempre y te pertenece.

Acceder a ello ya es una primera experiencia espiritual. Te estás dejando conducir por tu Ser.

Sólo depende de ti.


Y además es gratis.


Leave Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *